Intentando librarse del calor

Cualquier sitio es bueno para estar a salvo de ataques y librarte, a la vez, del calor que empieza a hacer por estos pagos. Este de la imagen es uno de los gatos vecinos que tenemos, alguna vez le echamos algo de comer y se deja acariciar, no son tontos, es lo de Paulov pero en la versión gatuna, pero al revés de la teoría: nos condiciona a que le echemos de comer si queremos acariciarlo. Lo que es innegable es que es bonito el gato, con esas manos blancas, como el hocico, una variedad de siames bastante chula. La pena que no se lleve bien con la nuestra, porque nos le llevaríamos a casa si su espíritu callejero le permitiera perder la libertad de que disfruta por la comodidad de una vivienda cárcel. Esto quizás nos sirva a los humanos para reflexionar un poco sobre ello y nuestro modo de vida.
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