fauna
El bokeh del Nikkor 300 F2.8

Foto: Mónica Riveiro
Seguimos con las pruebas del nuevo objetivo que hemos adquirido. Mientras Pedro ha ido esta mañana a hacerles fotos a los pájaros que se posaban en una fuente de El Espinar, yo he ido por la tarde al mismo sitio a hacer mis pruebas. Él usó la D2Xs y yo la D3. La D2Xs tiene la ventaja del factor de multiplicación mientras que la D3 es full frame. Por lo tanto es como si Pedro estuviese usando un 450 F2.8. Por mi parte he intentado usar diafragmas my abiertos y velocidades altas (en este caso no se ve, pero en otras fotos se ven las gotas del agua que salpicaban congeladas). Esta foto en concreto está hecha a 2.8 para comprobar el famoso bokeh (o calidad de desenfoque) del 300. Y efectivemente.. una vez regresé al estudio y vi la fotografía en el monitor aluciné.
A ver si puedo acabar pronto los books de comuniones (que este año he batido mi record del año pasado… casi llego a las 50 sesiones de estudio..una locura) y me voy a probar el objetivo a Luarca con las gaviotas… y a Gredos con las cabras.
Probando el nuevo objetivo
Estamos todavía muy atareados con las fotos de estudio, pero tras comprar un objetivo nuevo, el Nikkor AF-S VR Nikkor 300mm f/2.8G IF-ED, no hemos podido resistirnos a hacer alguna pequeña escapada para probarlo ¿quién se aguantaría sin ponerlo en la cámara y salir enseguida a hacer algunas fotos? La primera impresión no puede ser más positiva, hablamos de la calidad que ofrece, es fantástica, algo que nos hace olvidarnos enseguida el peso que tiene si lo sumamos a la cámara, todo cercano a los 5 kilos. Aunque la primeras fotos están hechas a mano, había buena luz para no tener que disparar a velocidades de obturación lentas, recomendamos usarlo con trípode o mono pié, eso es lo que haremos cuando tengamos algo más de tiempo para salir a hacer fotos. Esta que os ponemos es de esta misma mañana de viernes, sin pensar qué foto íbamos a hacer vimos que el calor sofocante obligaba a muchos pájaros – en este caso un Passer domesticus o gorrión común, hembra en este caso- a refrescarse en una fuente, ahí es donde hicimos la foto. En breve pondremos más. No olvidéis pulsar sobre la imagen para verla un poco más grande.
Un gato okupa

El viejo gato okupa de jardines. Foto Pedro Merino
Desde hace varios meses se ha adueñado de nuestro jardín y de las sillas que en él tenemos. Es quien disfruta de verdad de un jardín privado, por el frío no podemos nosotros hacerlo, y en verano no tenemos tiempo, por lo que se ha convertido en un okupa, pacífico, pero okupa. Tampoco nos importa, es más, nos gusta que esté ahí, le damos de comer casi todos los días, por eso seguro que no se va y poco a poco se va asustando menos de nuestra presencia, aunque dudamos que un día podamos acariciarlo. La imagen se la tomamos mientras probábamos un objetivo antiguo en la Nikon D3 a ver qué tal. En sí, el gato no es nada fiero, todo lo contrario, es muy asustadizo, pero le pillamos tras el enjuague bucal que hacía nada más comer, la casualidad del disparo hizo que le pillásemos con la boca abierta de tal guisa.
Cigüeñas de nuevo

Cigüeñas emparejándose en el nido. Foto Pedro Merino
Aunque suelen vernir muy temprano tras haber emigrado por pocos meses, algún año las vi llegar a finales de noviembre, este año las estaba echando de menos, entre no poder acercarme a ver si habían venido por la nieve y por el trabajo, al fin he podido durante un rato contemplarlas y ver que estaban ya preparadas para el cortejo nupcial tras el que veremos en pocos meses a los poyuelos asomar las cabezas desde sus nidos. Es cierto que son unas aves muy dañinas, que no dudan en comerse todo lo que se mueva, huevos o crías de otras aves sin dudarlo, pero también es cierto que la belleza de su compañía, sobre todo cuando vuela, merece la pena que la tengamos cierta consideración y respetemos que viva en nuestros tejados, aunque corramos peligro de sufrir el producto de sus comidas… Pues eso, bienvenidas de nuevo.
Escapada a Gredos

Macho cabrío en celo. Foto Mónica Riveiro
Desde enero hacía que no pisaba Gredos. En esta ocasión fui de la mano de José Luis Rodríguez que nos hizo de guía a Antonio Vázquez, David Gámez, José Ledo, David Álvarez y yo. Así que con los permisos adecuados y cámaras en mano fuimos a fotografiar las cabras en la época de celo. José Luis dio con ellas enseguida y tras un paseo mañanero esperando a que la luz fuese la adecuada donde estaban las cabras, nos dirigimos hacia ellas. Una vez se acostumbraron ellas a nosotros y nosotros a ellas comenzamos a disparar fotos. Además de fotografiar el celo de los machos (el cual es me dejó impresionada con ese movimiento de lengua) hubo alguno que fotografió una pequeña pelea entre dos machos jóvenes, algún contraluz al atardecer, algún que otro salto. Hubo de todo. Tuvimos suerte porque nos dejaron estar con ellas casi todo el día, hasta que decidimos que ya no podíamos aguantar más el rujir de las tripas (menos las de Vázquez . . . que el no tiene tripas . . y a veces incluso dudo de que sea humano) y nos fuimos a Hoyos del Espino a comer un buen plato combinado. Fue un gran día, con una grata compañía y de donde van a salir grandes fotos. Gredos siempre da muchas satisfaciones.
A veces hay cosas…

Lejos de ser graciosa la imagen, da pena ver que esto ocurra
A veces hay cosas que es mejor no verlas. Ni a los responsables les gusta. Esta es una de ellas. A la crueldad de la fiesta de los toros se le añade gente sin preparación suficiente que algunas veces provocan más pena y daño que carcajadas, aunque parezca lo contrario por la imagen, porque hay que ser muy poco profesionales -lo diremos de una manera suave- para cometer semejante tropelía en una animal.
Intentando librarse del calor

Cualquier sitio es bueno para estar a salvo de ataques y librarte, a la vez, del calor que empieza a hacer por estos pagos. Este de la imagen es uno de los gatos vecinos que tenemos, alguna vez le echamos algo de comer y se deja acariciar, no son tontos, es lo de Paulov pero en la versión gatuna, pero al revés de la teoría: nos condiciona a que le echemos de comer si queremos acariciarlo. Lo que es innegable es que es bonito el gato, con esas manos blancas, como el hocico, una variedad de siames bastante chula. La pena que no se lleve bien con la nuestra, porque nos le llevaríamos a casa si su espíritu callejero le permitiera perder la libertad de que disfruta por la comodidad de una vivienda cárcel. Esto quizás nos sirva a los humanos para reflexionar un poco sobre ello y nuestro modo de vida.
La cruel vida

Casi siempre tenemos el concepto de primavera como algo hermoso, positivo, que da gusto salir a verla en todo su esplendor, pero pocas veces somos conscientes de que para que veamos cosas bonitas, otras deben sufrir. No es raro -salvo en las ciudades- que en esta época nos encontremos con escenas crueles como esta, pero que son el desarrollo normal de la vida. Ya andaban cerca de esta cría de vencejo unas cuantas hormigas para ver si servía de alimento, que seguro que. Es el ciclo de la vida, aunque no nos guste ver las escenas. L imagen está tomada a mano, sin trípode, muchas veces es mejor tener la escena -aunque la calidad sea menor- que quedarse sin hacerla.
Rápidos vencejos

Tienen un problema grave y es que sus patas son muy cortas y las alas largas, algo que les impide remontar el vuelo desde el suelo. Por eso, en más de una vez hemos tenido que salvar de la muerte a algún vencejo (apu apu), se dejan coger bien porque no pueden casi moverse del suelo. Sólo tienes que lanzarlo sin miedo al aire para que, con un rápido movimiento de las alas, comiencen a volar de nuevo. Las leyendas urbanas sobre estas aves dicen que nunca se posan, viven siempre en el aire, algo que podría tener su lógica porque se alimentan en vuelo del denominado plancton aéreo, es decir, comen insectos que se encuentran en su vuelo permanente. Pero los vencejos sí que se posan, aunque sólo en zonas altas para poder remontar el vuelo. La foto está tomada junto al Acueducto de Segovia, al atardecer, cuando se pasan horas en un incesante vuelo repleto de juegos, filigranas y agudos chillidos en un caos circulatorio aéreo que nos es difícil comprender cómo no se chocan. La toma se realizón con una exposición lenta, 1/30 a F:13 y 100 ISO, para conseguir movimiento y que se adivine que es un ave.
Se asoman los jóvenes

Ya queda poco, dos meses, para que abandonen el nido camino del sur de África. Antes tienen que aprender a volar, crecer del todo, saber buscar la comida y hacer las prácticas de vuelo necesarias para cubrir los miles de kilómetros que separan los tejados de El Espinar de su destino veraniego en el continente vecino. Casi no nos ha dado tiempo a ver los huevos de las cigüeñas y descubrimos esta mañana que los poyuelos ya tienen un tamaño considerable, aunque se aprecia que no están desarrollados del todo por las plumas y el pico corto todavía y negro, que cambiará después al tono típico rojizo. De todas formas, nos ha parecido curiosa la imagen, hemos guardado la escena con la cámara y os la ponemos aquí para ver si os gusta.
